ATLANTIS "Cruzar el Atlántico a bordo de una balsa fue una obra maestra "

http://www.clarin.com/diario/2009/07/12/sociedad/s-01956968.htm

25 AÑOS DEL VIAJE DEL ATLANTIS , HABLA EL CAPITAN DE LA EXPEDICION


"Cruzar el Atlántico a bordo de una balsa fue una obra maestra "

En 1984, cinco argentinos audaces cumplieron el sueño de navegar como hace más de 3.500 años.

La experiencia representa la victoria mental y espiritual del hombre frente a sus propios frenos. Durante cincuenta y dos días a través del Atlántico, arriba de nueve troncos de madera balsa, sin timón, bajo el sol, o soportando olas gigantes y tormentas, cinco hombres navegaron hace 25 años a favor del viento y de la humanidad, tras la huella del sol poniente. Romanticismo puro.

Obstinación y convicción. Todo eso es lo que aún hoy representa la mítica expedición Atlantis 84, un viaje –o mucho más que eso– hecho por un grupo de argentinos llevados por una corriente marítima desde las Islas Canarias hasta Venezuela.

La idea de semejante desafío fue de Alfredo Barragán (60), un abogado y explorador nacido y criado en Dolores, Buenos Aires. Tras leer mucho y profundizar sobre las colosales cabezas Olmecas mexicanas (esculturas de hombres negros), en 1980 Barragán se convenció de que el africano pudo haber llegado a este continente 3.500 años antes de Cristóbal Colón. Pero lo trataron de loco (no era ni la primera vez ni la última). Así que investigó, convocó a otros de su raza y los invitó a cruzar el océano con las herramientas de tanto tiempo atrás. "Los africanos navegaban con corrientes de marea por la costa en balsas hechas con troncos unidos con cuerdas vegetales y una vela de fibras vegetales, sin timón. Me pregunté si no sería posible que alguna de esas balsas, voluntaria o involuntariamente, se haya metido en América", explica.

Barragán probó, como lo había hecho su "colega" noruego Thor Heyerdahl en 1947 a bordo de la balsa Kon-Tiki, desde Perú hasta la Polinesia. Su equipo quedó conformado por Jorge Iriberri, Horacio Giaccaglia, Daniel Sánchez Magariños y Félix Arrieta, el camarógrafo del que después sería un exitoso filme del viaje. Durante cuatro años idearon la travesía, viajaron a Ecuador para conseguir la madera de la balsa y la armaron en Mar del Plata.

Salieron el 22 de mayo del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en Canarias, bajo una tormenta con olas de más de dos metros ("nos daban por muertos", cuenta) y llegaron el 12 de julio al puerto venezolano de La Guayra. Llevaron 1.200 litros de agua y comida como para un campamento de 100 días. Por suerte, ya que misteriosamente jamás lograron pescar un pez en todo el viaje. Al zarpar, Barragán, al que no se le escapan los detalles, notó algo: "Nos habíamos olvidado el protector solar, que era fundamental". Encontraron una solución. "Nos untamos la grasa de unos chorizos que llevábamos. Olíamos a chanchos, pero zafamos", ríe, quien también fue sorprendido a bordo cuando Arrieta le confesó un "detalle": no sabía nadar. "De haberlo sabido no lo embarcaba", confiesa Barragán, tan previsor que él e Iriberri se hicieron sacar el apéndice por las dudas. "Y además tomé cursos para aprender a amputar una pierna", remarca.

"Nunca tuvimos miedo. Elegí cuatro románticos, enamorados de esta idea. Siempre supe que llegaríamos", confiesa el capitán. Barragán sabía que la corriente del mar lo dejaría en el Nuevo Continente. Tan así fue que nunca se desviaron más de 25 millas náuticas de la ruta.

Fue un viaje solitario. "Estábamos fuera de la ruta comercial. Vimos un barco al tercer día y el otro, 45 días más tarde. Solitos, mar y cielo", dice. Cruzaron casi 6.000 kilómetros a la velocidad que camina el hombre: 5 kilómetros por hora. La balsa nunca se detuvo. Ellos trabajaban y comían y la balsa avanzaba. No había posibilidad de detenerla, ni de doblar ni de volverse, ni de anclar. "Y el fondo estaba a 4.500 metros", aclara Barragán, que todavía conserva la barba de la foto, aunque más prolija y blanca, y que puede contar que escaló varias veces el Aconcagua y el Kilimanjaro, entre otras proezas.

Barragán habla como si volviera a sentir la sal de aquel mar en su cara: "Atlantis no ha terminado.

Es la obra maestra, es inmaculada y perfecta, una invitación al hombre a creer en sí mismo".
Entonces el capitán calla, mira un horizonte siempre conocido y vuelve a la primera frase que dijo cuando pisó otra vez América: "Que el hombre sepa que el hombre puede".

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